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miércoles, 11 de julio de 2012

¿Existen las sillas (y alguien que pueda sentarse en ellas)? El nihilismo de Ted Sider


Casualmente, veo que Ted Sider (uno de los filósofos más activos) está trabajando ahora en una obra (a disposición de los lectores en su página) en la que defiende un “reduccionismo cuantitativista”, lo llamaría yo (no él, seguramente). Voy a hacerme eco de su tesis y sus argumentos, para discutirlos después.


¿Existen las mesas, las sillas, los árboles, las personas…?, es decir, para precisar la pregunta, ¿existen las cosas que están o parecen estar compuestas (a partir) de otras, o bien existen solo cosas simples (partículas subatómicas elementales, quizás), de las que las otras (aparentes) entidades están compuestas? El “nihilismo-acerca-de-la-composición” es la tesis (metafísica) que dice que, en verdad, a un nivel fundamental, no existe ningún compuesto o ente que conste de partes propias (o sea, excluida ella misma). Las mesas, sillas, personas… son solo conjuntos de cosas simples organizadas a “a guisa de mesa”, a guisa de persona (o mesiformemente, personiformemente).  En la metafísica analítica reciente la renovación por el interés de este asunto se le debe a Peter van Inwagen, filósofos materialista cristiano, quien cree, efectivamente, que cosas como sillas y mesas no existen realmente, son solo apaños o montajes “a guisa de mesa” (“arranged table-wise”) o “mesiformes”, aunque excluye de este nihilismo a los seres conscientes. Sider no los excluye.

Supongamos un universo, U-3, con tres partículas elementales, a, b y c. ¿Cuántas cosas existen en ese universo? Según el Nihilismo-acerca-de-la-composición (en adelante, simplemente “nihilismo”), que Sider defiende en la versión más radical, en U-3 solo existen tres cosas, las tres partículas a, b y c. El Composicionalismo sostiene, en cambio, que existen (o pueden existir) otras cosas, compuestas, en ese (o cualquier otro) universo, por ejemplo la entidad T, que es el compuesto de a, b y c. En general, las (o ciertas) cosas compuestas a partir de simples, existen también en sentido pleno: existen las mesas, las montañas y las personas, además de las partículas que las constituyen o de las que están compuestas.
¿Por qué no decir, incluso, que, en el universo U-3, existen las entidades, d (=ab), e (=bc), (también, quizás, otras distintas formadas de manera ba, cb), f (=abc), g (=ad),… h (=ga)…? De esa manera, con solo que haya, en un universo, dos entidades (y quizás una, si, como dijo Nietzsche, uno es compañía y dos son multitud) habrá infinitas.

El principal argumento positivo de Ted Sider a favor del nihilismo acerca de la composición es que el nihilismo es la teoría metafísica u ontológica más sencilla o de mayor “parsimonia ideológica”, y todos creemos que hay algo así como un principio epistemológico que dice que lo conceptualmente más sencillo es más verosímil.

Ted Sider (un “buen quineano”, según él mismo) asume los siguientes quineanismos:

     - la cuestión propia de la ontología es “qué existe” a nivel fundamental o subyacente, lo que equivale a  preguntarse “qué hay” a ese nivel, es decir, en términos técnicos, sobre qué términos no tenemos más remedio que cuantificar (en la mejor explicación global acerca de la realidad, con la que contemos), que es el modo en que el lenguaje se compromete ontológicamente.

     - hay que distinguir entre ontología e “ideología”. La ideología, en el sentido estricto que le da Quine, es el conjunto de términos no-definidos de una teoría.

Sider piensa que la parsimonia ontológica (postular pocas cosas más bien que muchas) es menos interesante que la parsimonia ideológica. Es decir, es mejor que reduzcamos al mínimo nuestras nociones indefinidas, aunque tengamos que contar con muchas realidades o tipos de realidades en nuestro universo teórico, siempre que estén bien definidas.
 Por parsimonia o sencillez, pues, tenemos que preferir, en principio, el nihilismo, y sostener que, en un nivel fundamental, la realidad no consta de partículas subatómicas (como los bosones) más sillas, mesas o personas, sino solo de partículas.

No obstante, este principio de parsimonia, dice Sider, tiene que ser limitado a las ramas teóricas que más tratan de la naturaleza fundamental del mundo (o sea, según él, la física, la matemática y la metafísica fundamental), y su aplicación es menos clara en ciencias como la biología, la economía, la psicología, etc. El nihilista puede, pues, usar perfectamente conceptos como “a guisa de planta” o  plantiforme, o, simplemente, planta, etc. Solo cuando se está hablando del nivel fundamental o subyacente de la realidad, el nihilista rechaza que existan plantas o personas.

Pero ¿es que no hay más criterios teoréticos que la sencillez o parsimonia? Sí los hay: tales como salvar los fenómenos, tener poder predictivo… La sencillez se tiene en cuenta cuando esas otras virtudes han sido salvadas. Entre dos teorías igualmente predictivas y explicativas de los fenómenos, escogeremos la más simple. Ahora bien, cree Sider, cuanto es posible explicar con el Composicionalismo, es posible explicarlo con el nihilismo, que, sin embargo, es más simple. Por tanto, el nihilismo es preferible.
El nihilismo se ahorra las ideas, “cuasi-lógicas” de Compuesto y Parte. Con ello, no perdemos nada (y ganamos vacío y austeridad, que es, al parecer, algo interesante –como en el budismo y en la política económica centro-europea actual-).

Después de exponer su argumento positivo, Sider se entrega a rechazar los argumentos anti-nihilistas.

Según uno de ellos, el nihilismo va contra el sentido común, y debemos preferir teorías que encajen con el sentido común. Es preferible (cree el defensor del sentido-común) decir que existen sillas y personas, además de partículas. Sider, que califica de “mooreanismo” la corriente reciente en defensa del sentido común (Krikpe, por ejemplo), responde que, además de que el sentido común no puede ser un criterio epistemológico, en verdad el nihilismo no entra realmente en conflicto con el sentido común (más de lo que podría hacerlo, por ejemplo, la famosa reflexión de Eddington de que, según la física cuántica, la mesa no es sólida aunque lo parezca), porque hay que distinguir el nivel corriente y el nivel profundo del lenguaje. Seguramente nadie creerá que va contra el sentido común decir que, “a un nivel subyacente, las mesas no son sólidas, y las cosas compuestas no existen”. ¿Cree, acaso, el sentido común que las mesas son entidades fundamentales?

Algo semejante hay que decir, según Sider, de la objeción de que el nihilismo no salva lo que percibimos. Si distinguimos entre el nivel ordinario y el subyacente, el nihilismo salva lo que vemos. El objetor podría comparar el nihilismo con el escepticismo, que piensa que acaso somos cerebros en una probeta. Si a tal escepticismo podemos contestarle (según hacen algunos) que tal tesis socava injustificadamente la validez de nuestra percepción, lo mismo podríamos hacer con el nihilismo. Sin embargo, Sider observa que, a diferencia del nihilismo (que es una mera “posibilidad” sin argumentos a favor) el nihilismo es una teoría con argumentos positivos a su favor y relevancia teórica.

Y la misma estrategia defensiva hay que adoptar contra la objeción de T. Williamson, según la cual es un error psicologizar la creencia y, con ella, la epistemología, lo que lleva de cabeza al escepticismo. El nihilismo no hace tal cosa, y es totalmente compatible con una concepción “externalista” (los pensamientos no están –solo- en la “cabeza”). Solo desestima el carácter presuntamente último de las creencias de nivel ordinario, cuando se trata del nivel subyacente de la realidad.

Algunos (por ejemplo, el propio van Inwagen) dirigen contra el nihilismo una objeción “cartesiana”: la consciencia tendría algo de irreducible, de unitario, que la salvaría de ser un compuesto o arreglo de partículas. Pero Sider no ve esto convincente. No basta, (aquí como en ningún asunto), dice, con la “certeza” fenomenológica: nuestra “percepción” directa de la mente. Una teoría puede intentar explicar la composición subyacente que hace posible ese fenómeno. Tampoco le basta al cartesianismo, según Sider, con rechazar el materialismo, porque incluso aunque la consciencia fuese irreducible y no superveniente, podría ser que la mente esté correlacionada con una multiplicidad de partículas, y no con una unidad material. No hay razones para rechazar que la unicidad de la conciencia podría deberse a una pluralidad de partículas.

A continuación Sider rechaza la objeción deflacionista (que ya ha tratado en otros lugares, como recordé aquí ). Según el deflacionismo metafísico (representado recientemente sobre todo por Eli Hirsch), la disputa entre el nihilismo y el composicionalismo es meramente verbal. El deflacionismo no afecta solo a esta cuestión que estamos tratando, sino a toda la metafísica: sería meramente verbal afirmar o negar que existen las proposiciones (ya que existen sentencias sinónimas) o que existen los agujeros ya que existen los donuts. La réplica al deflacionismo más conveniente aquí es, cree Sider, similar a la que se ha dado a la objeción del sentido-común: aunque la frase “existen los compuestos si existen partículas subatómicas apropiadamente organizadas” es una verdad conceptual en el lenguaje ordinario, no lo es en el lenguaje fundamental de la ontología. En ese nivel, la cuestión es relevante, y tiene contraste.

Pasemos a otro asunto. ¿Y si la realidad es “sucia” o pringosa (“gunky”), o sea, tal que cada una de sus partes, incluida ella misma, tiene partes propias? Dado que el nihilismo tiene que rechazar esa posibilidad a nivel fundamental, se ve obligado a rechazarlo también a cualquier nivel de lenguaje. Sin embargo, un argumento habitual pretende demostrar que la realidad es “sucia” y que (o “porque”) no existen partículas últimas. El argumento opera inductivamente, mostrando que, cuantas veces en la historia se ha propuesto ciertas partículas últimas, se ha descubierto que eran compuestas. Este argumento, dice Sider, es malo por varias razones: por ejemplo, se trata de una pobre inducción; además, da un salto de un número finito de casos al infinito.

Además, y sobre todo, el argumento ataca a la noción de “partícula última”, pero es mejor pensar que, en lugar de partículas, el nivel fundamental está formado de puntos en el espacio-tiempo (o en un espacio de orden superior), de modo que lo que hubiera, más propiamente, que decir acerca de las partículas fuese “la partícula x está localizada en el punto p”.

No parece que haya buenos argumentos para creer que la realidad es “sucia”, pero no puede descartarse esa posibilidad, que haría falso al nihilismo. (Sider no cree que la metafísica sea el campo de la necesidad: la metafísica, que trata de la estructura última de la realidad, depende de y está en continuidad con la(s) ciencia(s), y el precio que paga es que sus teorías no son necesarias o imposibles).
Dado que el nihilismo es más sencillo, quien quisiera argumentar contra él tendría que mostrar que el atomismo es falso.

El más formidable argumento que encuentra Sider contra el nihilismo es que nuestra mejores teorías físicas incluyen una geometría-física (es decir, una teoría de la estructura intrínseca del espacio físico, o del espacio-tiempo) que cuantifica sobre trayectos y regiones, que son objetos compuestos que contienen puntos como Partes. No parece esperable que la topología (con sus intervalos abiertos y cerrados) pueda explicarse en términos de puntos últimos, como sí sucede en la axiomatización de Tarski de la geometría sólida. Y, lo que es pero (porque, al fin y al cabo, no hay por qué considerar a la topología como parte de la estructura última de la realidad), no parece que se pueda prescindir de la composición en el espacio-tiempo curvo de la relatividad general (donde la distancia entre dos puntos se define por la longitud del camino más corto que los conecta, y eso implica necesariamente los conceptos de Parte y Compuesto).

Ahora bien, en estos casos de la geometría física se trata de conjuntos de puntos, no de compuestos mereológicos de puntos. Como la teoría de conjuntos es necesaria de todas formas, es preferible reducir a ella la topología. Nos ahorramos, a nivel fundamental, la relación <, y nos basta con la de pertenencia .
Que esto sea correcto depende de que tenga éxito el proyecto, iniciado por Hartry Field (en Science without Numbers) de “eliminar” los números en el lenguaje científico.

Pero, se podría preguntar uno, ¿por qué no hacerse ya del todo "pitagórico" e identificar las partículas y los puntos del espacio con meros conjuntos? Nótese, responde a esto Sider, que ello no introduciría ninguna simplificación: harían falta los mismos primitivos físicos (partículas y leyes). No añadiría parsimonia ideológica o conceptual. Solo añadiría parsimonia ontológica. A cambio, ese “pitagorismo” introduciría arbitrariedad, porque no hay una única colección de simples conjuntos con los que sea particularmente natural identificar partículas y puntos del espacio-tiempo.

En resumen, el Nihilismo radical acerca de la composición de la realidad, es la hipótesis metafísica según la cual la realidad consta solo de entidades simples, no compuestas, a saber, partículas atómicas situadas en puntos o regiones del espacio-tiempo (o algún espacio abstracto), cuya geometría se puede describir toda en términos de teoría de conjuntos. Esta hipótesis es más sencilla que su contraria, y solo sería falsa si el atomismo y/o el reduccionismo de números (de H. Field) resultasen estar equivocados. Mientras tanto, es preferible pensar que no existen, realmente, mesas, sillas, plantas, personas… sino solo quarks, leptones, bosones…, a veces “organizados” a guisa de mesas, sillas, plantas o personas.

Como puede verse, se trata de una tesis y una argumentación muy radical e interesante, y con gran significado “existencial” o filosófico, tras su aparente frialdad de la pulcritud analítica. Sin embargo, a mi juicio, Sider, que formula aquí una versión bastante clara del extensionalismo y “materialismo” radical, no puede estar más equivocado, como intentaré mostrar en otro momento.

sábado, 7 de julio de 2012

Todo, Algo, Algo-no, Nada

Lo que sigue son unas reflexiones en torno a, y una propuesta tentativa de definición o aclaración de, los conceptos cuantitativos más básicos (más aún que los números): Todo, Algo, Nada…, desde una perspectiva “dialéctico-analógica”, y ateniéndose al esquema diádico-tetrádico que he expuesto a veces (aquí y aquí, por ejemplo) y en el que, como buen sistemático, me empeño en hacer encajar cualquier cosa (aunque sea a martillazos, pensará alguno).

¿Cómo se definen o “generan”, cuál es la esencia de ideas como Todo, Algo, Nada…? La ontología formal reciente contempla entre una de sus partes más frecuentadas la “mereología” (es decir, el estudio de las ideas Todo – Parte), que se remonta conscientemente, al menos, a las Investigaciones Lógicas (tercera investigación) de Husserl. Mi reflexión se sitúa, podría decirse, en un escalón anterior a los problemas de la mereología (tales como ¿es toda relación parte/todo reflexiva, transitiva y antisimétrica?, o ¿dos objetos son el mismo si constan de las mismas partes?): lo que propongo discutir se refiere a las propias nociones de Todo, Algo, Nada…, o sea, a las nociones básicas de la Cuantidad, antes de considerar sus posibles modalidades y relaciones. ¿Cuál de esas nociones (si alguna) es primera, y cuales se definen a partir de esa? ¿A qué otras ideas más simples (no-cuantitativas) involucran, si es que a alguna…?

La teoría convencional de los “cuantificadores” contempla la existencia de tres, o quizás cuatro, de ellos: Todo, Algún (Algo), Ningún (Nada)… y quizás habría que incluir Algún-no (Algo-no). Pero, dirá alguno, ¿no será “algún-no” un complejo, formado a partir del cuantificador Algún y la Negación? Seguramente. Pero, ¿y Algún, y Nada? ¿Cuántos cuantificadores básicos hacen falta para que, ellos más la negación, den lugar a todos los demás? La respuesta es: uno. Las cuatro formas de los cuantificadores se pueden interdefinir con la simple ayuda de la negación: 
Algo equivale a No-Todo;
Nada equivale a No-Algo.

Y también: 
Todo = no-algo-no = nada-no
Nada = todo-no = no-algo
Algo = no-nada-no
Puede, pues, ser una mera contingencia que se considere a Algo-no como excluido del grupo de simples, frente a Todo / Algo / Nada. Dejaré este asunto de momento.

Lo anterior son las definiciones “internas” (interdeficiones) de los “cuantificadores” o Cuantidades Básicas. ¿Es suficiente con eso? ¿Es posible profundizar algo más en esas nociones? Propongo ciertas observaciones que intentan profundizar y/o corregir la concepción convencional.

La primera observación que me gustaría hacer es que no creo conveniente tratar a estas  nociones lógicas como si fueran solo ni principalmente parte de lo que la lógica estándar trata como tal (es decir, como parte sintáctica de la estructura de la proposición). El que los conceptos Todo, Algo, Nada… vengan ahí amalgamados con el aparato mostrativo o referencial de la proposición, e insertos, por ello, en la estructura de la proposición, genera (además de implicaciones ontológicas o referenciales que no son apropiadas –como ya he defendido otras veces-) asistematicidad en la definición de los propios cuantificadores, haciendo que sus elementos (por ejemplo, la Negación) aparezcan ya unidos al propio aparato mostrativco-cuantificador (como en “Vx(Px)”, “algún x es tal que P-de-x”), ya unidos al predicado (como en “(x)(¬Px)”, o sea, “Todo x es tal que no-P-de-x”, o sea “Ningún x es tal que P-de-x”). Es mejor tratarlos separadamente (y considerarlos, en su aparición en la proposición, como adjetivos “normales” –sintácticamente normales-). Al fin y al cabo las nociones Todo / Parte / Nada… son en sí mismos un álgebra, mínima. Lo que estábamos llamando ‘No’ es el functor que genera el Complemento.

Dando eso por supuesto, hay puntos en los que no me satisface la teoría convencional sobre esas nociones Cuantitativas Básicas, y otros en los que me parece que merece la pena profundizar: merece la pena, al menos filosóficamente, profundizar en su definición; no me satisface la concepción extensionalista y univocista con la que convencionalmente se consideran esas nociones, y que genera lo que, a mi juicio, son absurdos, como la idea de Nada absoluta (conjunto vacío).

¿Cómo definir las nociones Cuantitativas Básicas, Todo, Algo, Nada…, tanto entre sí como en su dependencia respecto de otras?

Empecemos por la definición “externa”. Consideremos a la noción de Todo como la noción fundamental de ese ámbito de la Cuantidad Básica. La razón para ello (aparte de que seguramente resulta intuitivo que la noción de Parte o Algo es secundaria) sería que toda negación es determinación y toda determinación, negación. En cualquier caso, no me detendré en esto (no es "estratégicamente" muy relevante, y se puede dar por supuesto).
Supuesto eso, ¿cómo habría que definir la idea de Todo a partir de ideas extra-cuantitativas, si es que se puede?  (Quien considere que es imposible definir las nociones cuantitativas básicas a partir de otras más simples, las considerará primitivas. Por su parte, quien las considere definibles a partir de otras, pero no comparta que Todo es la noción más básica entre las cuantitativas, tendrá que buscar una definición extra-cuantitativa de Parte -o de Nada, si es esta la noción que cree fundamental-).

Creo que la noción de Todo o Totalidad es aún definible o analizable a partir de ideas más simples, ya no-cuantitativas. Lo que tenemos que definir es la idea de Pluralidad, de la cual Todo / Parte / Nada… son sus modos básicos. Y creo que la Pluralidad puede (debe) definirse a partir de dos (o tres) ideas simples no pertenecientes al ámbito de las nociones cuantitativas:

     - La primera es la idea de Unidad, que considero completamente simple e inanalizable. Podemos intentar explicarle a alguien, mediante ejemplos, qué es la Unidad, pero no la podemos definir a partir de ideas más simples, es decir, que no involucren lógicamente la propia idea de unidad. La Unidad puede adoptar varias formas, pero en “estado puro” es lo completamente indivisible y autoidéntico. Una forma secundaria o “impura” de la Unidad es la de un Todo, donde la indivisibilidad y autoidentidad están “mezcladas” con la divisibilidad y diferencia (relativas).

     - La segunda idea, que, junto con la de Unidad, define a la idea de Todo, es la idea de Alteridad (Otro-que, No-, etc.) Sin la acción de la Alteridad, no habría más que una Unidad única, autoidéntica e indivisible (e inefable). Creo que también hay que considerar a la noción de Alteridad como una idea primitiva e indifenible, aunque puede y debe ser caracterizada (analógica e intensionalmente) como una idea secundaria respecto de la de Unidad (e Identidad), y concebida de una manera no absoluta sino relativa (después desarrollo algo más esto).

     - La tercera idea, quizás requerida, para definir o analizar la noción de Todo, es la de Síntesis (Symploké), si es que hace falta una especie de cola que junte las ideas entre sí, por ejemplo las de Unidad y Alteridad, para generar una tercera idea. No discutiré este asunto en este momento.

Podemos definir, pues, la Pluralidad como la Síntesis de Unidad y Alteridad. Dicho más pedestremente, plural o múltiple es lo que-no-es uno, lo otro-que uno. O sea, la noción de pluralidad es la que naturalmente se produce si negamos (relativamente) la (pura) unidad.

La idea de Todo o Totalidad es, según he dado por supuesto, la noción básica o fundamental en el “interior” de la Pluralidad, es decir, la forma básica de(l ámbito de) la Pluralidad, o Pluralidad fundamental. A partir de la noción de Totalidad deberíamos definir las otras nociones Cuantitativas Básicas.

¿Qué hemos ganado hasta aquí? La definición más convencional de Todo (cuando se ofrece siquiera una definición) dice que el Todo es la suma de las Partes. Esta definición es, tratando de lo mismo, “completamente” diferente a la que propongo. La definición “El Todo es la suma de las Partes” es, por ser extensional, circular, porque no podemos identificar las partes si no sabemos de qué todo son parte. Y, por eso, no podemos “sumarlas” a priori (la suma tiene sentido entre partes del mismo género, “homogéneas”). Sin embargo, si le damos la vuelta al sentido de las palabras de esa definición, y las entendemos intensionalmente, obtenemos, correctamente, que “el Todo es la Síntesis (suma lógica, es decir, suma de intensiones –o, mejor, "producto" de intensiones-) de las Partes intencionales (o sea, de los constitutivos esenciales)”. La definición convencional es completamente correcta, si se la entiende intensional y no extensionalmente. El Todo no es, pues, Parte más Parte más Parte…, sino Unidad “más” (en-síntesis-con) Alteridad. Las “partes” constitutivas de Todo son, realmente, las ideas Unidad y Alteridad. Las “partes” extensivas, en cambio, son secundarias lógicamente.

La siguiente cosa que una concepción dialéctico-analógica haría notar es, como he apuntado antes, que debe tenerse en cuenta el carácter asimétrico de las “Partes” lógicas, en este caso Unidad y Alteridad. Como dice El Extranjero en El Sofista de Platón, lo Otro (el No-) no es lo absolutamente otro, sino solo lo Relativo. No se puede concebir la Nada absoluta, pero sí la Unidad y la Totalidad absolutas (si no se las confunde con sus extensiones, claro, en cuyo caso ocurre la paradoja de Cantor –de Zenón-: el conjunto potencia es siempre mayor, y no se puede construir, extensionalmente, el conjunto máximo). Por eso, frente a la concepción extensional y “horizontal” convencional, sería preciso concebir asimétricamente la relación entre las ideas, por ejemplo, entre las que estamos tratando, Todo, Algo, Nada…, incluso aunque en este caso se trate de las ideas que definen precisamente la Extensión o Cuantidad.

Teniendo eso en cuenta, propongo la siguiente definición, tentativa, de esas nociones cuantitativas básicas:

     1) Todo se considera cuantitativamente fundamental, indefinible cuantitativamente (aunque definido a partir de ideas extracuantitativas).

     2) Algo (Parte, Parte positiva) se define como No-Todo, es decir, como el resultado de la operación de la alteridad (relativa siempre) respecto de Todo (lo-Otro-que Todo). Esto significa que no puede, lógicamente, haber Parte (Algo) sin un Todo (al menos ideal)

     3) A continuación podría pensarse que viene la noción de Nada (o lo más parecido posible a ella), como resultado de No-Algo. Sin embargo, creo que aquí es preciso hacer sitio a otra noción intermedia, entre Algo o Parte (positivos) y Nada, y que podríamos llamar Complemento, Resto, o algo similar, y que es lo equivalente, en este sistema, a lo que en la sistemática convencional es el Algo-no, o sea, la Parte negativa. Así que podríamos definir Complemento (Resto, Parte negativa) como no-Algo, entendiendo el No- en el sentido relativo y ordinal que he dicho.

     4) Por último, habría que definir Nada como no-Resto, es decir, la ausencia de toda parte. Pero este concepto habría que entenderlo (dado como hay que entender la alteridad) más bien como una noción “infinitesimal” o evanescente, no como una pura nada.

Ateniéndonos al esquema dialéctico, diádico-tetrádico, podríamos organizar estas nociones así:

La división dicotómica consistiría en los que podríamos denominar:
  1. Totalidad
  2. Parcialidad
Cada una de ellas se subdivide, igualmente por la operación de la alteridad relativa sobre la noción lógicamente anterior, así: 
11. Totalidad absoluta (Todo)
12. Totalidad relativa (Parte)
21. Parcialidad relativa ("Resto", Complemento, Antiparte...)
22. Parcialidad absoluta ("Nada")