jueves, 12 de enero de 2012

La belleza de lo feo

Los que somos defensores de que el arte (en el sentido estético, no en el sentido amplio, artesanal, que tuvo en griego tekhne, o en latín ars) es, esencialmente, búsqueda y (re)producción de belleza (de la Belleza), aparte de ser considerados como unos ingenuos e indocumentados por parte de los que están muy al día (es decir, que llegaron al siglo XX y han leído incluso a Adorno), tenemos, ya en serio, que hacer frente a una objeción importante: ¿qué pasa con el arte feo? ¿Cómo explicar, por ejemplo, la época “terrorista” de Goya (como le oí un día a un muchacho)? Voy a ofrecer mi teoría al respecto.

No sé en qué medida es original, es decir, en qué medida se le había ocurrido ya a otros u otras (entre mis lecturas no recuerdo ahora si alguien ha defendido esto explícitamente). Si es de otros, les doy las gracias y el reconocimiento. Si resulta ser en parte cosa mía (mi patinazo o mi descubrimiento), y siendo así que no la he patentado, resultase que alguien la cogiese y la publicase como cosa suya, solo pido que sea perseguido por una docena de diablos lo más feos posible durante ciento veinticinco reencarnaciones (no más, porque soy intelectualista moral y creo que nadie hace el mal adrede).

El arte clásico, se nos dice, intentaba expresar materialmente la proporción y la unidad que definen a la Belleza (y a la Bondad y a la Verdad). Llamaré “teoría kalética” a la teoría estética que dice que el arte es esencialmente búsqueda de Belleza (kalé, en griego). Esto, desde luego, no hay que interpretarlo de manera superficial:

     - Como se ha dicho muchas veces, bello no es lo mismo que bonito. Para algunos es incluso contrario. La tragedia, por ejemplo, no expresa nada bonito (o bello, en el lenguaje kantiano), pero expresa algo sublime (o bello, en un sentido profundo, propio de pitagóricos y platónicos): expresa, quizá, la grandeza del alma humana cuando elige lo que su razón moral le prescribe, frente a lo que su gusto plebeyo le tienta a escoger. Esto no es ningún problema para la teoría kalética: la belleza del alma es belleza también, y más que la de los cuerpos.

     - Tampoco es un problema el hecho de que ciertas obras artísticas resulten, al principio (hasta que son asimiladas por el público) feas o no manifiestamente bellas. Esto se explica porque manifiestan una belleza más compleja que la habitual. La armonía no manifiesta, superior a la manifiesta (que dijo Heráclito).

Pero ¿qué pasa con las obras artísticas que buscan, descaradamente, lo feo? No existen solo en la modernidad. Ya antes del terrorismo de Goya, algunos pintores barrocos, por ejemplo, o, más atrás, ciertos artistas de época helenística, se habían dedicado a pintar lo feo, sin sublimidades. En la modernidad conocemos, desde luego, muchos casos exacerbados, tanto en las artes plásticas como en la música o el cine. (Lo que no conocemos es tanto arte bello). Este hecho es uno de los que ha abonado el tópico de los últimos ciento y pico años según el cual el arte no busca necesariamente la belleza (eso sería cosa de los clásicos). Parece que se intenta conmover al espectador, provocar en él sentimientos fuertes y poco habituales, sin atender a si estos son en sí “bellos” o remiten a belleza alguna. ¿Cómo puede un pitagórico, un partidario de la teoría kalética, responder a esto?

Mi respuesta preferida me la inspiró (pido perdón) la lectura de textos de filosofía neoplatónica medieval (Escoto Eriúgena, sobre todo). En estos textos se insiste en que existen dos vías teológicas, dos modos completamente diversos de llegar al conocimiento de Dios. La vía positiva (katafática) consiste en predicar de Dios todo lo que en este mundo encontramos como positivo, multiplicándolo por infinito, por así decir. Si creemos que saber es bueno, digamos que Dios es omnisciente; si nos parece que tener barba y ser varón es importante, digamos que a Dios padre la barba le llega a los pies. Ahora bien, no tenemos que perder de vista que cualquier atributo finito es intrínsecamente inadecuado para expresar lo infinito, porque de alguna manera infinito y finito, perfecto e imperfecto, son inconmensurables. La vía negativa (apofática), entonces, debe complementar a la otra, a la positiva (y para algunos místicos es incluso superior a ella). Esta vía consiste en negar de Dios todo predicado. Cualquier cosa, por perfecta que sea, no es nada comparada con Dios y, por tanto, es fetichismo creer que lo expresa. Los teólogos más sensatos piensan que las dos vías se complementan, y que cada una por sí sola lleva a la ruina teológica.

¿Qué tiene que ver esto con el arte y la belleza? Se me ocurre que, con la expresión de la Belleza, ocurre algo análogo. Hay un camino positivo, directo, de intentar expresar la belleza mediante aquellas propiedades naturales que encontramos que encarnan mejor la Belleza. Este sería el camino tomado por los griegos en su época clásica, y en general todo arte que busque manifiestamente expresar belleza natural, como expresión de la belleza ideal. Es el arte de la Metáfora. Pero un artista, sintiendo la inadecuación que siempre hay entre cualquier signo y lo ideal que ese signo intenta significar, puede también “intentar” (sin él saberlo) llevarnos a la vivencia de la Belleza de una manera negativa, por contraposición. Este artista nos mostrará lo feo, lo deforme. Eso provocará en nosotros, inmediatamente, un dolor, un dis-gusto. Pero, mediatamente, la mente se moverá en sentido inverso: ¿por qué me duele la contemplación de lo feo? Evidentemente, porque tengo en mí un modelo ideal de Belleza, con el que no encaja esto que veo. Esto me despierta, indirectamente, por contraposición, la intuición de ese ideal de Belleza, con el que mido la fealdad (es también el “mecanismo” mental que opera en la Comedia y en toda ridiculización). Quien no tuviese ideal de belleza, ante la contemplación de lo “feo” simplemente tendría que quedar impertérrito.

Por supuesto, es propio de gente optimista preferir la vía clásica y positiva. Y es de gente más bien deprimida, luterana, burguesa, moderna… lo contrario. Yo por eso, aunque estemos en crisis, prefiero la vía clásica, aunque no deja de gustarme esa vía indirecta y negativa de arte que es el arte que busca lo feo. Pero ¿quién es capaz de hacer, hoy por hoy, un arte que guste siendo bello y optimista? ¿Quién no sabe que si quieres hoy triunfar como poeta tienes necesariamente que ser un llorón?

11 comentarios:

  1. No me parece del todo preciso que al arte se circunscriba únicamente a reproducir la belleza...

    Por poner un experimento mental que me gusta: ¿si se descubriera que las pinturas rupestres son manchas de moho podríamos poder seguir considerándolas bellas obras artísticas?

    No obstante, que estoy absolutamente de acuerdo en que al retratar un objeto "feo" se convoca nuestro ideal de belleza, ahora, dos cosas: 1) tiene que dejarse claro que el objeto es feo y doy un ejemplo creo que válido: en las pelis de serie B es harto común que el malo malísimo, toda vez que hay que demostrar que es malo malísimo, se comporte como una déspota tirano con, pongamos, sus subalternos. Bien. Resulte inverosímil este comportamiento, quiero decir, es muy poco probable que un lugarteniente se deje humillar por una persona o, dejándose humillar, sea un lugarteniente competente que participe y colabore en la inventiva de estrategias exitosas (No se tiene a un Rommel, por ejemplo, si uno se comporta como un auténtico gilipollas), o sea, que el malo malísimo de las pelis B, por este y otras típicas escenas, es inverosímil (lo cual, no sé si estarás de acuerdo, es una forma de fealdad) y, no obstante, NO se nos presenta como tal, como alguien feo, inverosímil digo, luego su construcción estilística es fraudulenta y no notaremos su fracaso como una tragedia.

    2) pero por otro lado, en la convocatoria de nuestro Ideal tiene que aparecérsenos ésta ligeramente cambiada y es por eso por lo que la fealdad cotidiana -que se confronta a una funcionarial belleza proporcionada- o la maldad de un tirano al uso -que se confronta con una democracia virtuosa- no nos emociona en absoluto, al contrario de, pongamos, un shakespereano regicida villano como Macbeth que nos hace dudar de la bondad de nuestras más virtuosas ambiciones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Héctor,
      cabrito, me has pisado un experimento mental que iba a usar en próximas entradas (lo de las pinturas rupestres). Como no me resigno a que te lo quedes tú solo, te responderé al argumento en que lo usas mediante una entrada en que también lo use yo.

      Comento las interesantísimas cuestiones que siguen en tu comentario:

      El malo malísimo (gilipollas) resulta feo pero no se nos presenta como tal, dices. Bien: lo feo ahí es, para empezar, la propia película, que es mala. No hay que confundir el contenido con el continente, digamos. Cuando yo digo que el arte feo remite al ideal de belleza, me refiero al buen arte (de lo) feo, o sea, por decirlo paradójicamente, al bello arte feo. No me refiero al feo arte, o sea, al mal arte. La inverosimilitud de las pelis B es fea porque es mal arte. es un fraude, como dices. Ahí l oque nos repugna es la obra de arte misma (y esto, como mucho, nos recuerda, por contraposición, lo que debería ser una obra de arte y esta no lo es. "mira, muchacho, lo que nunca debes hacer"). Ante la percepcion de la fealdad de la propia obra de arte, queda cancelada la posiblidad de experimentar la fealdad que qquerría poder mostrarnos (aunque las pelis B no suelen recurrir, precisamente, a la via apofática o negativa: suelen mostrarnos la maniquea victoria del guaperas).

      Tienes razón, en tu punto 2, en que la fealdad tiene que ser idealizada, o ligeramente cambiada, al menos. Incluso muchas veces, como en Macbeth (o, de otra manera, en el terrorismo goyesco) es sobredimensionada.

      Eliminar
  2. Me parece que se incurre en una falacia. La vía negativa está muy bien para quien tiene una súbita visión de Dios o de la Belleza (que, debo decir, dicha así con mayúsculas me parece, por lo demás, bien sospechosa); pero, ¿qué hay del artista? O, por continuar con la analogía, ¿puede un místico buscar negativamente a Dios matando a tiros a su propia familia en la esperanza de que se produzca en él un movimiento en sentido inverso, hacia Dios? (Tales cosas ocurren, por cierto, pero prefiero no argumentar con desquisiados de ejemplo).

    Yendo al cuesco: si el artista busca la belleza, ¿por qué retrata la fealdad? No se hace bien si se hace mal buscándolo. Uno diría que, con el tiempo, incluso los artistas más tercos habrían aprendido que no se llega por la fealdad mala a la belleza buena; y, en cualquier caso, uno pensaría que una cultura no iba a hartarse de un arte que buscara explícitamente lo bello y optimista si ese fuese el sentido de toda esa alharaca.

    Me parece, por admitir mi propia opinión, que 'clásico' y 'optimista' quieren decir aquí, más bien, 'romántico' —en sentido serio, por supuesto—, lo que se delata en la referencia a Kant cuando se acusa a la tragedia de ser 'sublime', por hacerla caber en este esquema. Hasta donde sepa —que puede, admitidamente, no ser mucho, aunque ya es un poco sobre tragedia griega—, ni a los tragediógrafos ni a Platón o Aristóteles les importó mucho la noción de belleza (o su hermana, la sublimidad kantiana) en sentido moderno. Mucho podría descubrirse, sin duda, investigando la etimología de 'bello', y el uso que daba la escolástica medieval a su trascendental, el pulcrum, pero no me detendré en ello porque mis recuerdos de filosofía medieval están bastante oxidados.

    Hay un concepto clave que me parece mucho más importante, más vivo, y es la famosa —y tan mal comprendida— katarsis, que sí le importó a los tragediógrafos —al menos, los dos primeros— y a Aristóteles. Ahora bien, katarsis se traduce mejor que de ninguna otra manera por un aclaramiento de unas aguas metafóricas, que estaban nubladas y ocultaban la visión antes del momento de contemplación artística —que puede equipararse aquí a la contemplación divina—, cosa que demuestra brillantemente Nussbaum en La fragilidad del bien (puedo copiar una parte de esa demostración si interesa, la tengo ya en formato digital como parte de un ensayo). Y la katarsis la relaciono yo el desocultamiento que Heidegger atribuye, como resultado, a las grandes obras de arte.

    El propósito del arte no es buscar la belleza, sino buscar la verdad ——mientras se entienda esta como aletheia, desocultamiento. Así pues, debo declararme como seguidor del arte aletheista, firme opositor a los kaléticos que, más que optimistas, debo considerar confundidos ;) Todo lo cual no quiere decir, por cierto, que la belleza no sea un punto de crucial importancia, y seré el primero en decir que la crítica contemporanea ha cometido un terrible error al olvidarse de ella.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sierra,
      te preguntas (me permito tutearte, pero si no te gusta me lo dices), o más bien afirmas: uno pensaría que una cultura no iba a hartarse de un arte que buscara explícitamente lo bello y optimista si ese fuese el sentido de toda esa alharaca.

      Pero
      -es una constante de la actividad artística (y moral, y religiosa...) la constatación de que nuestros esfuerzos por reflejar el ideal siempre se quedan cortos, y que eso da lugar al "fetichismo", es decir, a la adoración de la imagen (que debería servir de vehículo analógico) con aquello a lo que representa. Por eso hay una aptitud muy comprensible de inococlastia. Si los griegos representaban a los dioses mediante cuerpos bellos (lo que se conserva, en cierto modo, en el cristianismo, sobre todo el católico, con su imaginería), los judíos de Moises consideraron que sobre Dios, es decir, sobre lo Ideal, nada se puede decir. Es decir, la constatación de la inconmensurabilidad entre toda materialización y el ideal, puede llevar, lógicamente, a la idea de que la única manera de expresar lo ideal es, si acaso, la vía negativa (no es esto, no es esto, neti-neti, del vedanta).
      -La "constatación" de la completa alteridad de lo ideal da lugar a lo que Hegel identificó en el pensamiento judío como conciencia desdichada: todo lo que nos rodea es desierto, pero precisamente a partir de la esterilidad de lo que nos rodea, y de su absurdo, nos nace por contraposición la "fe" en lo Absolutamente Otro divino.

      No es extraño que las culturas más pesimistas y los momentos más pesimistas de las culturas (por ejemplo, el judeo-protestantismo moderno) hayan recurrido más a esta via que a la vía optimista (que apenas renació en el renacimiento ya remurió a manos de Lutero y compañía -aunque más que de un renacimiento se trataba de un desarrollo de la estética medieval, una estética de la luz y la armonía -ver Sto Tomás, por ejemplo-).
      Lo que yo quiero decir es que, si nos tomamos el trabajo de destapar lo feo, de mostrarlo, en una obra de arte, es porque el sufrimiento inmediato que nos causa la contemplación de ese dolor nos recuerda que tenemos un ideal con el que esa realidad no encaja, ideal que ninguna experiencia de este mundo parece reflejar (esto es un valle de lágrimas), pero que se despierta indirecta y silenciosamente mediante el arte del dolor.

      Me resulta, por otra parte, extraño oír que a los griegos no les importó mucho la noción de belleza. Basta ver la escultura y la arquitectura clásica, no digamos ya leer a Platón (tanto en el contenido como en la forma) para ver que eso suena muy tremendo y necesita mucha justificación. No basta con aducir un cierto análisis de la tragedia, porque ni siquiera la tragedia es el arte griego, es solo una de sus manifestaciones. ¿Qué hay de trágico en el Partenón, o en Policleto?

      El arte, lo comparto plenamente, busca en el fondo la verdad. Pero esto no implica que no busque directamente la belleza, que es la manifestación imaginal de la verdad. Quien esté dispuesto a decir que el arte no busca la belleza, tendría que explicar por qué todos los genios antes de la peste ultramoderna han creído lo contrario.
      Aquí es mala guía (lo digo con todos mis respetos) Heidegger, porque Heidegger, como espíritu antimetafísico y hasta nihilista que era, pensaba que lo sagrado solo puede buscarse por el camino del silencio (quien quiera saber sobre Dios, decía, tiene que acudir a Lutero -o sea, a quien quemó la Suma de Tomás, porque Tomás creía en la teofanía positiva).

      Eliminar
  3. Juan Antonio:
    Naturalmente puede tutearme, aunque por internet he prefedido siempre el usted, tan en deshuso cuando debiera usarse más que nunca.

    La vía negativa me parece una interesante explicación si, digamos Rafael pintó algún adefesio, pero en la mayoría de los casos me parece que lo feo es un fin en sí mismo; y, curiosamente, esto corre para el arte anterior al ultramodernismo cuya crítica estoy dispuesto a secundar (mucho arte ultramoderno que busca precisamente hablar negativamente de la belleza, y esta sí es una pamplina). El ejemplo típico es el tercer tríptico de el Jardín de las delicias, cuyo propósito —me dirá— es recordarnos los terribles sufrimientos que nos esperan si nos alejamos de Dios —claro ejemplo de la vía teológica negativa—, lo que está muy bien, pero mire de cerca el primor con que están dibujados esos monstruos y horrores: no son el equivalente de una sombra en el fondo que pone el artista para realzar la importancia de lo que haya en primer plano, son ellos mismos el arte. Esto es lo clave: mediatiza usted el arte que representa lo feo, y el verdadero arte no puede ser nunca medio. Por lo demás, ya la pregunta de si la vía negativa se aplica a lo representado en la obra o a la obra misma (es decir, si la obra representa algo feo o si la obra es fea) hace tambalear todo el análisis, en mi opinión (considere el Laocoonte). También parece extraño que la teleología propugnada para el arte haya encontrado su realización únicamente durante el breve Renacimiento: ¿y el resto qué? ¿Estaban perdidos? Sobre todo, tenga en cuenta a los griegos, cuya palabra kalé está, me parece, mal usada aquí como traducción de belleza, cuando esta es una propiedad meramente estética y la otra condice también virtudes de otro tipo. La idea moderna de belleza nace en el Renacimiento, pero aun entonces tendría que sufrir muchas transformaciones para transformarse en lo que nosotros entendemos por tal.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sierra,
      sugiere muchas ideas, e intentaré contestarle a todas:

      Empezando por el final, aunque la idea de belleza haya sufrido una cierta deflación modernamente (no estoy tan convencido) no dehja de tener también usos en otros terrenos de la actividad humana: hablamos de una bella teoría (una demostración elegante) y de una bella persona. Es universal (yo lo he observado en mis hijas) el uso traslaticio de "bello" para el ámbito de la moral (al principio identifican guapo con bueno). En principio no comparto las hermeneúticas que ven mucho más densidad en las nociones antiguas que en las modernas. Casi podría decirse, en este caso, que los griegos mostraban cierta pobreza de concepción moral al calificar demasiado habitualmente a las buenas personas de "bellas". Mientras no lo vea más claro, creo que la misma idea de Belleza sigue plenamente vigente (por ejemplo, en los usos de Schelling, etc).

      Yo no digo que el renacimiento olvidó la belleza enseguida, sino que olvidó (o más bien relegó) la vía positiva. La separación brutal de los ámbitos divino y material (empezada por Occam, y completada por los protestantes) hizo ver con malos ojos cualquier tendencia icónica luminosa. Enseguida triunfó la oscuridad en el Barroco.

      No veo que la distinción entre la belleza de la obra y la fealdad del contenido anule el análisis, aunque entiendo que vea ahí un gran problema. Sencillamente una obra de arte fea (fea en todos los sentidos) no es arte siquiera. Hasta los más atrevidos feísmos del siglo XX tienen que hacer siempre alardes técnicos, y la complejidad conceptual está siemrpe subyacente, pese a la apariencia de caos (incluido en las formas presuntamente automáticas o subconscientes de arte, que se autoengañan).
      Pero compare el problema con la teología negativa, expresada verblamente. En los textos apofáticos de, por ejemplo, el pseudo-Dionisos, se conserva la corrección argumental en todo momento. es decir, a nivel formal, el texto cumple todos los criterios de un texto, está "bien" escrito, etc. Pero su contenido pretende trasmitir negaciones. En el arte de lo feo ocurriría algo semejante: aunque el artista usa formas bellas (correctas), el contenido es lo feo. De todo esto pensaba hablar más en próximas entradas de esta serie estética.

      Por otra parte, el caso del Jardín de las delicias ni siquiera corresponde a lo que yo llamaría el arte de lo feo. Recordarnos los sufrimientos del infierno no es una vía negativa para ir al cielo (sería una vía para interesados). Realmente no veo claro qué análisis hacer de ese tipo de obras (como del infierno de Dante), pero desde luego no entran en lo que yo quería decir. Diría que son obras de lo bello, es decir, que usan la vía positiva, es decir, la directa o icónica. Lo que pasa es que si uno va a retratar el infierno, obviamente lo que retrate tiene que ser terrible. La vía negativa consiste, realmente, en un discurso (bien elaborado) que se centra en negar lo bello. No sé si me he explciado.

      Eliminar
  4. -->>Viene...

    Pero volvamos a los griegos: vale, está claro que exageré un poco —uno de mis vicios—, pero miremos la cuestión atentamente: en el único texto de Aristóteles dedicado exclusivamente al arte, la belleza se menciona en relación a un solo elemento de la tragedia: el verso, cuya belleza es criterio para determinar la calidad de una obra. Se trata de un aspecto bien técnico, un mero medio —y cualquier pelagato que sepa algo de métrica puede ponerse a escribir endecasílabos, no es nada del otro mundo—. En otros lugares, en Política, por ejemplo, cuando se habla de las diferentes escalas musicales, el criterio nunca es la belleza, sino la adecuación a tal o cual necesidad que satisface tal o cual música, y de la misma opinión —aunque más radical— es Platón en República. Similarmente, no quiere desterrar a la tragedia y la comedia por feas, sino por inmorales. Cierto que tiene una visión mucho más mística de la belleza que casi cualquier otro filósofo, y en Fedro lo vemos intensamente preocupado de ella —aunque, ¿cuál es realmente el tema de Fedro? No la belleza—, pero, precisamente, si la belleza es una guía mística para alcanzar cierto tipo de iluminación, es mero medio, y el arte no es nunca medio. Por otra parte, vista la radical censura que proponía Platón, tengo mis dudas sobre si lo que le interesaba era la belleza o, más bien —y como se critica arriba— lo bonito. Platón es muy kitch: niega la mierda, que es la definición kunderiana a la que subscribo, y cabe preguntarse si no hay también una vía negativa para conocer la mierda en lo kitch.

    Mi corazón tira contra mi sangre, es decir, me gustaría quedarme en el Sol de Italia admirando tintoretos y carpaccios, en lugar de entristecerme con los adustos luteranos cuya sangre llevo. Pero, así las cosas, debo darle más razón al voluntarismo de un Occam que al racionalismo de mi muy venerado Aquino: no puedo creer que la razón o la belleza vayan a conducirnos a otra cosa que fantasmas.

    (Un punto más: resulta claro el argumento mientras se hable de pitura, pero lo que sea la belleza se vuelve de inmediato conflictivo cuando hablamos de música —¿es bello el primer acorde de Tristán e Isolda? Se discutió hasta la saciedad en su época— y aun más en literatura, donde se ha tratado de aplicar incansablemente un concepto puramente estético al único arte que no tiene nada de estético: la novela. ¿Y cuando se habla de la belleza de una idea, o de una solución matemática? La belleza es un interesante concepto teórico, pero aplicada, se ve que no es más que una noción).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, sin releer ahora mismo la Poética, de todos modos yo no diría ni que Aristóteles es el ejemplo de la estética griega (más bien me parece algo insensible al arte -perdón por la blasfemia-) ni la Poética me parece un libro completo. Pero los aristotélicos medievales sí desarrollaron una estética de la armonía y la luz (y eso que eran cristianos y podían haber heredado el rechazo judío de lo estético -luminoso-). Ahora bien, Platón representa perfectamente la estética como kalética (véase, sobre todo, Banquete y Fedro), y si en la República está pendiente de la utilidad de las escalas, no hay que perder de vista que para Platón Verdad, Bondad y Belleza son indisolubles, y la Belleza solo es una manifestación de lo mismo, de la Idea (eso sí, la más pobre de os tres trascendentales). Los artistas, más que expulsados son controlados o "censurados": serán los sabios gobernantes quienes decidan qué mitos se pueden enseñar y qué modos musicales educarán mejor. esto no es un abandono de la belleza, sino una "domesticación", digamos.
      (Por cierto, sobre cuál es el tema del Fedro, me permitiría recomendarle mi libro Diálogos de Filosofía. Si me proporciona una dirección de correo electrónico (a dialecticayanalogia@gmail.com) le enviaré el pasaje del libro donde lo trato).

      Mi corazón tira contra mi sangre, es decir, me gustaría quedarme en el Sol de Italia admirando tintoretos y carpaccios, en lugar de entristecerme con los adustos luteranos cuya sangre llevo. Pero, así las cosas, debo darle más razón al voluntarismo de un Occam que al racionalismo de mi muy venerado Aquino: no puedo creer que la razón o la belleza vayan a conducirnos a otra cosa que fantasmas.

      esto me parece muy honesto y sincero, pero (permítame) equivocado como camino vital. Por un lado, el venerable Aquino sabe (como Platón) que cualquier discurso racional es analógico y, en el último extremo, se vuelve inefable, por lo que no hay que quedarse con el fantasma. Pero, por otro, ¿qué cosa más fantasmal y tenebrosa que un Dios cuya voluntad es completamente inescrutable, que puede haberme hecho una vasilla para echar al fuego, y que es celoso con la razón? Aquí viene al pelo lo que decía Aristóteles sobre los dioses celosos: "los poetas mienten mucho".

      Eliminar
    2. Juan Antonio dijo:

      La belleza es un interesante concepto teórico, pero aplicada, se ve que no es más que una noción).


      Y John Keats escribió :


      ¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
      de hombres y de doncellas cincelada,
      con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
      ¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
      como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
      Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
      tú permanecerás, entre penas distintas
      de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
      «La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más
      se sabe en esta tierra y no más hace falta.

      Eliminar
    3. Sabias y bellas palabras de Keats. Es muy griego eso de que la verdad es belleza y la belleza es verdad (aunque esto también encierra un misterio). Otros, en cambio, no-griegos, cree que la verdad es irrepresentable y que la belleza es solo una tentación...

      Eliminar
  5. Olvidaba, claro, el matiz: a saber: que no creo que la belleza pueda ser el fin del arte, pero de ningún modo le quitaría su justa importancia, como hacen tantos críticos de escuela en nuestros tiempos. Alguna vez leí unas líneas que ya entonces me impresionaron mucho: "El olvido en que han caído lo bello y lo feo hace que ya no se entienda nada". Pocas cosas me preocupan tanto como la belleza; pero el punto es que me siento obligado a dar igual importancia a la fealdad, y a ambas solo como medios para el arte.

    ResponderEliminar