viernes, 5 de noviembre de 2010

El miedo al conocimiento, de Boghossian. II


Sigo con el resumen y comentario del libro de Paul Boghossian El Miedo al conocimiento.

Rorty, nos dice Boghossian, rechaza el modelo “cortagalletas” goodmaniano, porque da pie a hablar de una forma y una materia de las cosas, y, con ello, a la objeción anterior. Rorty propone otra manera de entender la relatividad absoluta de los hechos. Lo que quiere defender es que no hay una naturaleza de las cosas, independientemente de los “juegos de lenguaje”.

Como se sabe, Rorty admite que no todos los modos de hablar son igual de prácticos:
"Dado que resulta ventajoso hablar de montañas, como de hecho lo es, una de las verdades obvias acerca de las montañas es que estuvieron aquí antes de que hablásemos de ellas. […] Pero la utilidad de estos juegos de lenguaje no tiene nada que ver con la cuestión de si la Realidad-tal-como-es-en-sí-misma (esto es, independientemente de cómo es útil para los seres humanos describirla) contiene
montañas o no”.
El relativismo ontológico, como el que propone Rorty, modifica la teoría clásica de cuándo algo es un hecho, de esta manera: Algo es un hecho, no en sentido bruto o absoluto, sino respecto de una cierta teoría, T, que yo acepto. Y hay muchas teorías, ninguna de las cuales es más fiel a cómo son las cosas. Análogamente a como hace el relativismo moral o el estético, que no acepta proposiciones absolutas del tipo “A es correcto” o “A es bello”, sino que exige entenderlas de la forma: “A es bueno respecto de un código moral, M, que yo acepto”.

El argumento tradicional contra el relativismo, reexpuesto recientemente por Thomas Nagel, según Boghossian, dice que el relativismo está en un dilema insoluble: o bien acepta que su propia tesis es relativa, y entonces no puede pretender ser más verdadera que el absolutismo, o bien se proclama como verdad absoluta y objetiva, y entonces se auto-contradice.
Boghossian considera incorrecto este argumento porque, dice, no es necesario que el relativista esté diciendo simplemente lo que le apetece:
“Bien podría suceder, después de todo, que el relativismo sea cierto con respecto a una teoría que nos conviene a todos aceptar, relativistas y antirrelativistas por igual”.
Pero hay un argumento mejor, cree Boghossian, y es éste: El relativismo, al relativizar los hechos a cierta teoría previamente asumida, parece obligado, o bien a aceptar que hay hechos objetivos y absolutos acerca de la existencia de esas mismas teorías aceptadas (por ejemplo, será un hecho bruto o absoluto que los humanos aceptamos teorías relativamente a las cuales aceptamos la existencia de montañas) o bien a relativizar a su vez los hechos acerca de las teorías aceptada, y caer así en un regreso infinito. En otras palabras, si se sostiene de manera absoluta que no existen hechos absolutos, sino que los hechos son relativos a un marco teórico aceptado, consecuentemente habría que relativizar los hechos referentes a esos marcos teóricos, habría que hacerlos relativos a otros marcos teóricos, y estos a su vez a otros, ad infinitum. O bien, simplemente aceptar que algunos hechos absolutos son incuestionables.

Además, añade Boghossian, es raro que acepte hechos acerca de lo mental y se niegue a aceptarlos acerca de lo físico.

Voy a comentar algunas cosas:

- Yo no encuentro convincente el rechazo de Boghossian del argumento de Nagel (que es el mismo que aparece ya en el
Teeteto de Platón, por ejemplo). No es posible defender, como pretende Boghossian, que quizás nos conviene aceptar una teoría que en sí misma sea inconsistente, porque no es posible aceptarla lógicamente (que es de lo que se trata: no se trata de pragmática). Ahora bien, el relativismo es lógicamente inconsistente, independientemente de su presunta utilidad. Algo no puede ser, además, pragmáticamente consistente si no lo es antes lógicamente. O, al menos, esa rentabilidad no la hace lógicamente más respetable.
- Tampoco veo muy diferente el argumento de Boghossian. Según este argumento, el relativista debe aceptar hechos absolutos acerca de teorías, si no quiere caer en un regreso infinito que le lleve a la nada. También el argumento tradicional delata que, si se quiere decir algo con sentido, uno tiene que presuponer ciertas verdades absolutas. En todo caso, se podría entender que el argumento tradicional es una aplicación autorreferencial de ese argumento general. Pero cabe, mejor, ver en el argumento de Platón-Nagel un argumento más fundamental, en cuanto que hay unos hechos que ineludiblemente tiene que aceptar uno si quiere decir la más mínima palabra con sentido, y son los hechos acerca de la validez lógica. Ahora bien, si la tesis relativista es inconsistente, falla de manera fundamental.
- Por último, aunque no atañe directamente a la cuestión, es inadecuada la identificación que hace Boghossian entre hechos teoréticos (que debería aceptar el relativista) con hechos mentales. La distinción hechos / teorías no es la misma que físico / mental ni una subclase de ella.

En todo caso, la crítica de Boghossian al relativismo es acertada.
El relativismo parece plausible porque parte de algo que se puede entender ambiguamente: todo nuestro conocimiento de las cosas en sí mismas es un conocimiento relativizado precisamente por nuestra manera de conocer, por nuestra idiosincrasia. De aquí se pasa a la afirmación de que no hay más que nuestra idiosincrasia, con lo que se incurre en contradicción. Hay un sentido, desde luego, en que hasta el más objetivista aceptará que (no las cosas, sino) nuestra concepción de las cosas depende de nuestra propia constitución. Pero es precisamente porque hay una manera en la que son las cosas, independientemente de nuestra idiosincrasia, por lo que pueden relativizarse a nuestras características de una manera y no de otra.

La apelación del relativista a lo pragmático sólo sirve para mostrar que el relativismo absoluto es falso. ¿De qué depende que ciertos juegos de lenguaje sean más útiles que otros? ¿Por qué creer que hay montañas es más útil que negarlo? Si no es la realidad (es decir, algo externo al propio juego de lenguaje), tiene que ser el propio juego de lenguaje el que crea la utilidad. Pero, en ese caso sería completamente relativo al juego de lenguaje que resultase útil o no. De esa manera, si yo adopto un juego de lenguaje en el cual salir por la ventana exactamente de la misma manera en que lo podemos hacer en el juego de lenguaje habitual pero con la pequeña variante de que no seré atraído por la tierra, puedo estar seguro de que podré andar por el aire. Es evidente que yo no puedo adoptar libremente un juego de lenguaje, si quiero que resulte “pragmático” en determinada manera, así que hay algo “externo” que decide qué juegos de lenguaje son pragmáticos. Es decir, los juegos de lenguaje tienen restricciones. Y eso es lo que significa que hay cosas-en-sí-mismas.

2 comentarios:

  1. Gracias, tenia que hacer una reseña y no sabía por donde empezar. Tus dos artículos me han dado ideas.

    ResponderEliminar